
Malta es un punto de parada para unas 170 especies de aves de al menos 48 países diferentes que migran entre Europa y África. La gran mayoría están estrictamente protegidas por la Directiva de Aves de la Unión Europea de 1972, pero en Malta se estima que los cazadores furtivos llegan a matar o capturar hasta 200.000 aves salvajes cada año.
Para la nueva temporada de caza primaveral de codornices Malta ha contabilizado más de 15.000 cazadores. No hay lugar en Europa con una concentración tan elevada de cazadores. Malta cuenta con 40 cazadores por kilómetro cuadrado, cerca de un 4% de la población total. La caza es una práctica cultural extendida en el país. “La mayoría de los hombres, especialmente en zonas rurales, hablan principalmente de política, fútbol o pájaros”, comenta Jon Borg, comisario del Museo Nacional de Historia Natural. “Tanto el estudio como la caza de pájaros tiene una larga historia en Malta. Tenemos constancia de que, ya en la época de las Cruzadas, había dos caballeros de la Orden de San Juan que enviaban especímenes a París para su estudio. Pero antes se cazaba principalmente para comer. La cultura de comprar y vender pájaros para la taxidermia es algo más reciente”. Este experimentado ornitólogo habla sobre la grave y generalizada situación en el país derivada de la caza ilegal de especies protegidas. Los cazadores furtivos, especialmente durante los períodos de migración, salen al acecho de rapaces, garzas, flamencos, cigüeñas, espátulas o cualquier ave que tenga suficiente atractivo para ser vendida en el mercado negro -por un flamenco, por ejemplo, se llegan a pagar unos 5.000 euros-. Cuanto más grande y protegida, más cara. Curiosamente y por otras razones, algunos de estos pájaros acaban en la colección de estudio del museo. En una sala cerrada al público van a parar los animales muertos confiscados por la policía. La cantidad de pieles y cadáveres en los frigoríficos es un buen indicador de la evolución de los embates de la caza ilegal. “En el último año hemos recibido menos confiscaciones. Es una señal, pero no es lo que uno piensa: significa que no se está haciendo cumplir…”. Silencio en el museo.
GHADIRA
Cerca del turístico pueblo de Popeye, en el noroeste de la isla de Malta, se encuentra la reserva natural de Ghadira. Casi a diario la visitan escolares, algunos de ellos hijos de cazadores, para observar las aves que descansan en sus aguas dulces, para aprender a valorar la Naturaleza que les rodea. “Un día quizás estos niños serán los políticos del país, se darán cuenta de la situación que vivimos en Malta y pondrán solución a la caza furtiva”, comenta Nicholas Barbara, gerente de conservación de BirdLife Malta, la ONG ambiental más antigua establecida en las islas. En la reserva todavía están en shock por la reciente muerte, de un disparo, de un flamenco residente por parte de un cazador furtivo que irrumpió de noche. Otra salvajada más de las muchas denunciadas desde 1962. “El verano pasado nos visitó una bandada de 18 cigüeñas, algo raro en esa época del año, y en pocas horas las perdimos. Todas asesinadas. Aquí hay personas que tienen las armas listas todo el año, por si ven algo en el cielo poder salir rápido y disparar”. Incidentes de caza ilegal como este, atestiguados por personal de la organización, ornitólogos o voluntarios, son los que aparecen en la base de datos centralizada que anualmente publica BirdLife Malta y usa para hacer lobbying para mejorar la legislación sobre protección de la vida salvaje.
EL RESURGIR DE LA CAZA ILEGAL
“El año pasado encontramos 114 pájaros protegidos heridos o muertos por cazadores. Hemos experimentado un aumento. Estamos viendo cómo la caza ilegal resurge y así se lo estamos comunicando a las autoridades”, dice Barbara. 2018 fue el peor año desde 2012 en cuanto a casos reportados. Precisamente para poder reportar todos estos casos, cada primavera y otoño la organización establece campamentos situados en puntos estratégicos de observación de aves -y de cazadores-. Cuando suenan los disparos, empieza el trabajo. “En general la policía no actúa a no ser que reciban una llamada. Normalmente nosotros llegamos antes para filmar y denunciar los casos de caza ilegal. Si no denunciamos raramente pasa algo. En el pasado tuvimos algunas confrontaciones con cazadores: guardianes heridos, trabajadores amenazados, coches quemados… una larga historia. No les gusta que estemos grabando mientras cazan. Pero en los últimos años, especialmente desde el referéndum, se ha calmado la situación”, señala Barbara en referencia al referéndum celebrado en 2015 en el que se aprobó, con un 50.4% de los votos a favor, poder seguir cazando codornices y tórtolas en primavera, una tradición no permitida en ningún otro país de la Unión Europea. “Cazar durante la primavera es muy insostenible porque se están cazando los pájaros que vuelven para criar en Europa”.
VIGILANCIA
Vigilados de muy cerca por organizaciones medioambientales como BirdLife, los cazadores malteses defienden su derecho a cazar como una práctica tradicional de importancia cultural. La FKNK, la mayor organización de cazadores del país -con más de 10.000 miembros, mayoritariamente hombres-, trabaja para “preservar las pasiones socioculturales tradicionales de la caza y captura legal de aves migratorias salvajes”. La federación, que no habla con periodistas extranjeros para “evitar malentendidos”, manifestó en declaraciones a la prensa nacional que “los cazadores ya no cooperan con las autoridades y denuncian las ilegalidades de la caza furtiva porque no confían en la Unión Europea”. A Europa la culpan por la moratoria de la caza de la tórtola aplicada desde 2016 y por la prohibición del silvestrismo, la arraigada afición heredada de los españoles a la captura y cuidados en cautividad de pájaros de campo. La FKNK acusa a la UE de basar sus decisiones en «mentiras» hechas por entidades «prejuiciosas y extremistas» que se declaran anti-caza.
EL HALCÓN MALTÉS
El país de las 365 iglesias, una para cada día del año, también es el país de las cabañas de cazadores. Repartidas por toda la campiña, estas construcciones rudimentarias son parte indisociable del archipiélago, especialmente en Gozo, donde la tradición de la caza está más extendida. De hecho, si no fuera por sus votos, los cazadores hubieran perdido el referéndum. En la apodada isla de Calipso saben que es primavera cuando los pick-up invaden los caminos de tierra y los disparos resuenan al atardecer. La caza es un acto social en el que se comparten muchas horas de espera tomando té, comiendo pastizzi y conversando. “Normalmente la caza se transmite de una generación a otra”, comenta Nicholas Barbara de BirdLife Malta. La organización es consciente de que los jóvenes son los herederos de esta singular tradición e intenta sensibilizarles a través de proyectos educativos que generen comprensión y respeto por el medio ambiente e inspiren cambios en su comportamiento hacia estilos de vida sostenibles. “Creo que educar a la gente a apreciar la Naturaleza es la mejor solución para acabar con ciertas prácticas. Cuanto más tiempo pasa más obsoletos quedan los argumentos para ir de caza”. Cada vez hay menos jóvenes que entonan el polémico lema “if it flies… it dies” -si vuela… muere- y más los que están tomando conciencia de la gravedad de la situación ambiental, que puede llevar a la extinción de algunas/muchas de estas aves. “Hay razones para ser optimista en el futuro en cuanto a la situación de la caza. Pero el país está perdiendo zonas verdes por culpa de la construcción. Esta será la gran amenaza de Malta para la fauna”, sentencia el biólogo. Las cifras le dan la razón ya que Malta tiene la mayor proporción de tierra edificada de la UE, un 33%. Ya hay quien bromea diciendo que la cruz de Malta del escudo pronto se sustituirá por una grúa torre. Sin espacios verdes, los pájaros se están quedando sin sus hábitats. Pese a las amenazas reales de la caza furtiva y de la construcción hay una buena señal: “El halcón maltés está anidando de nuevo en Malta”. Un grupo de escolares lo ha aprendido hoy en la reserva.
TOMA NOTA: LA TÓRTOLA
La tórtola europea (Streptopelia turtur) sufre un intenso declive en todo el continente. Según el Informe Europeo para las Aves Comunes, la población de esta especie ha caído un 62% desde 1980. La situación es todavía más dramática en Malta, el único país de la Unión Europea que permite la caza en primavera (cuando la tórtola migra para reproducirse). Aunque el gobierno maltés aplica, por segundo año consecutivo, una moratoria temporal de su caza primaveral, organizaciones medioambientales como BirdLife Malta siguen reportando numerosos casos de caza ilegal. La tórtola es la especie más afectada por la caza furtiva y, curiosamente, ni un solo cazador fue procesado por ello en Malta en 2018. La tórtola europea es un símbolo ancestral de fidelidad y amor. Es un colúmbido elegante y de pequeño tamaño fácilmente reconocible por su plumaje de patrón escamado y su característica mancha del cuello, listada en negro y blanco.
Reportaje publicado en The Ecologist







