Miles de personas viven aisladas en pequeños poblados a orillas del río más grande del mundo, en medio de la inmensidad de la selva amazónica donde colindan Perú, Colombia y Brasil. Después de varios días de navegación desde las ciudades de Iquitos (Perú) o Manaus (Brasil), viejos cargueros repletos de víveres y pasajeros atracan en los puertos improvisados de estas alejadas comunidades (algunas de ellas pertenecientes a la secta religiosa de los israelitas). Para la tripulación de estos autobuses fluviales, el Amazonas es su rutina.















