En 1862, un clérigo de la comarca del Somontano fue detenido por la guardia civil… ¡vestido de mujer! Esta es la sorprendente historia del ¿quizás primer sacerdote travestido de España?

El 10 de septiembre de 1862, el periódico monárquico «La Esperanza» publicaba en portada una noticia que saciaba la curiosidad de muchos españoles «en vista de que algunos de nuestros colegas han pedido esplicaciones sobre el eclesiástico que fué detenido por la policía vestido de mujer». El diario ofrecía su versión de los hechos en un tono que mezclaba justificación y juicio moral: «resulta probado hasta la evidencia, que el tal clérigo tiene hace algunos años trastornada la cabeza; que su monomanía consiste en vestir traje del otro sexo. La autoridad eclesiástica de donde procede este infeliz, sobreseyó hace cuatro ó cinco años en el procedimiento que siguió contra él por un motivo idéntico; que las aberraciones observadas posteriormente, han puesto en claro el estado de su cabeza y que el Sr. vicario de Madrid le ha enviado á sus espensas con un guardia civil al gobernador eclesiástico de Barbastro, para que lo recoja en el Seminario, ó haga lo que mas convenga».

Poco más se sabe de los hechos y de las consecuencias que sufrió el clérigo con afinidades por la moda femenina. El clima moral de la España del siglo XIX no hacen pensar que tuviera un desenlace feliz. Las conductas consideradas desviadas se interpretaban con frecuencia como signos de locura, degeneración o trastorno moral. En este contexto, la referencia a la «monomanía» no es casual, sino propia del lenguaje moral de la época. La frontera entre pecado, delito y enfermedad era difusa, y una conducta podía ser tratada simultáneamente como falta moral, escándalo público y trastorno mental.

Lo único cierto es que por las calles de Barbastro, ciudad con una larga tradición religiosa y conocida por su seminario conciliar, hubo un clérigo que osó romper con las normas de género y conducta impuestas por su tiempo. Su historia, fragmentaria y filtrada por el lenguaje moralizante de la prensa, apenas nos permite reconstruir su voz o sus motivaciones. Sin embargo, deja entrever la existencia de realidades disidentes incluso en espacios aparentemente homogéneos como el de la Barbastro decimonónica, recordándonos que, incluso en contextos de fuerte control social, siempre hubo quienes, de una forma u otra, desafiaron las normas establecidas.

